Los que hemos sido críticos con el sistema generalmente decimos o escuchamos que por imposición, tradición o costumbre, y hasta por convicción, la mayoría de los mexicanos son guadalupanos, priistas y americanistas. Es decir, que profesan la religión católica, que votan por el PRI y que ven Televisa como una opción real de entrenamiento e información.

Esta televisora, siempre cercana al poder en turno y de la cual se dice que ha hecho hasta presidentes de la República (véase a Peña Nieto, al cual le han llamado “telepresidente” producto del marketing), es dueña del club de fútbol más odiado y querido del país al mismo tiempo: las Águilas del América.

Año con año, la empresa Consulta Mitofsky publica los resultados de una encuesta de aficiones en México, y en la del 2018, el América resultó ser el equipo más odiado de México, pero también el segundo club más popular del país, sólo por detrás de las Chivas del Guadalajara, el conjunto con más tradición nacional.

Independientemente de ser amado u odiado, las Águilas del América es un equipo ganador. De hecho, es el club mexicano, junto con las Chivas, que más campeonatos ha conseguido: un total de 12 para cada uno. Fue en el 2013, cuando se coronó campeón contra el Cruz Azul, que a su directiva se le ocurrió la idea de mandar a hacer unas playeras con la leyenda: “Campeón, ahora ódiame más”.

Desde entonces a la fecha, el eslogan que derivó en “¡Ódiame más!”, se convirtió en el escudo americanista contra cualquiera de sus críticos y detractores. Y es que al América, entre más lo odian, más gana. Justo en estos momentos se encuentra disputando los cuartos final de la Liguilla contra los Pumas de la UNAM. Es decir: tienen posibilidades de obtener su décimo tercer campeonato.

Ahora quiero utilizar al América como una analogía de López Obrador. Aquí es donde muchos brincarán y me dirán que uno no tiene nada que ver con el otro. Pero sí que lo tienen. El tabasqueño ha perdido dos elecciones presidenciales, pero ha ganado en todo lo demás. Y es que la política es una carrera a largo plazo, un maratón de 42 kilómetros, no los 100 metros planos donde uno tiene que demostrar que es el más veloz.

Vicente Fox, Felipe Calderón, y el propio Peña Nieto, ganaron una elección presidencial, gobernaron 6 años, pero dilapidaron todo su capital político y destruyeron a los partidos que los postularon. El de Guanajuato apoya ahora al PRI, partido al que en el 2000 le ganó -a la buena- tras 12 comicios, catorce presidentes y 71 años en el poder.

Calderón Hinojosa tiene a su mujer como candidata presidencial, más por una serie de vicios e irregularidades que el Tribunal Federal Electoral no quiso ver, que por su popularidad. Pero la ex primera dama no cuenta con una estructura sólida que la lleve a la silla presidencial. La encuesta del diario Reforma de este miércoles reveló que la aspirante independiente bajó de 5 a 3 por ciento en las preferencias electorales.

Además, el ex presidente ya no pesa dentro del PAN, partido al que continúa perteneciendo y del que alguna vez tuvo el control total, con Germán Martínez, ahora candidato de Morena y asesor de AMLO. Lo que sí pesa, es su guerra contra el narco que, hasta la fecha, ha traído consigo cientos de miles de muertos -entre ellos muchos niños-, decenas de miles de desaparecidos, y otros tantos más de desplazados.

Por su parte, Peña Nieto es el presidente más impopular de la historia del país. En octubre del 2017, sólo el 16 por ciento de la población mexicana aprobada la administración del ex gobernador del Edomex, según un estudio de opinión de GEA-ISA. En una medición más actual, Mitofsky encontró que sólo el 21% de los mexicanos aprueba su desempeño.

A unos meses de que termine su gestión -el próximo 1 de diciembre-, es necesario recordar que en 2012, al inicio de su gobierno, Peña Nieto tenía el respaldo del 54 por ciento de los mexicanos, según una medición que hizo la misma Mitofsky. Y es que nadie contaba con que sus reformas estructurales -que prometían abundancia y prosperidad- fueran tan negativas, como la energética, que encareció tanto el precio de los combustibles.

En el tema de la inseguridad, ni se diga: en 2017 se registraron más de 25 mil asesinatos en el país, la cifra más alta de la historia reciente. De hecho, a la fecha, a sólo 7 meses que termine su sexenio, han habido 104 mil asesinatos en México, y este ya se perfila como el período más cruento y salvaje de la historia moderna nacional. Y a todo esto le podríamos sumar lo político.

En junio del 2016, la alianza entre el PAN -con Ricardo Anaya al frente del partido- y el PRD le arrebató 7 gubernaturas al PRI. En este 2018, de las 9 gubernaturas en juego, Morena va adelante en seis entidades: Chiapas, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz y la Ciudad de México.

Sólo en Guanajuato y Yucatán adelanta el PAN y en Jalisco el Movimiento Ciudadano. Los priistas en ninguna, y eso que, según la encuesta del Reforma, el 61 por ciento de los mexicanos cree que EPN está interviniendo en las elecciones. Además, cabe destacar que en los 9 estados ya ha habido alternancia política.

Morena se ha convertido en la fuerza más importante del país. En la misma encuesta del Reforma, el Movimiento de Regeneración Nacional va adelante en las preferencias para elegir diputados federales, con el 36 por ciento, mientras que el PAN va en segundo lugar con 24, y el PRI con 16%. Asimismo, en cuanto a las senadurías, el partido político de Andrés Manuel va adelante en varias entidades donde se disputarán elecciones el próximo 1 de julio.

Respecto a la intención del voto, López Obrador no sólo ha crecido, sino que, además, se ha mantenido firme en el primer lugar. En la mayoría de las encuestas le lleva 18 por ciento de las preferencias a su más cercano competidor: Ricardo Anaya. Curioso es que Meade, con todo el aparato y recursos del Estado, no haya subido puntos. En la del Reforma incluso bajó, del 18 que tenía el mes pasado, al 17 por ciento con el que cuenta ahora.

Ninguna guerra sucia parece afectar al tabasqueño. Ni la supuesta reunión de los empresarios para sustituir a Meade, ni la ficticia serie sobre el populismo, ni las amenazas de expropiación de Paco Ignacio Taibo II, ni que AMLO fue evasivo y reiterativo en el primer debate presidencial. Nada.

Al contrario, en la encuesta del Reforma, el neo priista Meade fue señalado como “un peligro para México” por los electores, con un 30 por ciento, arriba de López Obrador, al que le adjudicaron un 27%. Y ante la pregunta de “¿Quién le haría más daño al país?”, el ex titular de la SHCP quedó en primer sitio, con 31 por ciento, y el tabasqueño, en segundo lugar, con 26%.

AMLO va en caballo de hacienda, pero no debe confiarse. Ni él, ni su movimiento, porque el día de la elección operarán los “duros” del PRI. Por ello enviaron a René Juárez a sustituir a Enrique Ochoa. Por eso están Beltrones y varios viejos lobos de mar más operando desde las circunscripciones. Por ello Meade se acercó a Osorio Chong y se alejó de Videgaray.

Y es que aunque el zorro pierda el pelo, jamás perderá las mañas. Así son los priistas, a quienes se les puede “caer” hasta el sistema (si no me creen pregúntenle a Barlett). Por eso hay que tener cuidado. Pero mientras tanto, López Obrador y sus seguidores se podrían ir mandando a hacer una playera, que como la de las Águilas del América diga: “Soy presidente, ahora ódiame más”.

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